El viaje a México, la Fundación y el teatro de la indignación
La alcaldesa y su primera teniente se fueron juntas a la Riviera Maya sin decirle nada a nadie
17/05/2026
El Ayuntamiento lo llama viaje privado pero no explica quién lo pagó. Detrás de esa pregunta aparece la Fundación Ciudad de Alcobendas: ese chiringuito que el PP prometió eliminar, que el PSOE usó a su antojo y que, curiosamente, sigue ahí. Todos tienen algo que callar. Y por eso nadie explica nada.
Hay semanas en que la política local se desnuda sola. Sin ayuda. Sin necesidad de tirar de ningún hilo. Basta con mirar la foto.
La semana del 5 al 11 de mayo, la agenda oficial de la alcaldesa de Alcobendas estaba vacía. La de su primera teniente de alcalde, Marta Martín, también. Lo que no estaba vacío era su fila en la gala de los Premios Platino del Cine Iberoamericano, celebrada en el hotel Xcaret de la Riviera Maya. Allí aparecían las dos, en primera fila, en una imagen publicada por la propia organización del evento. No en la última fila, no entre el público general. En primera fila. Con el protocolo que eso implica y con la gestión previa que eso exige.
La respuesta oficial del Ayuntamiento fue tan escueta como insatisfactoria: viaje privado, sin dinero público, sin representación institucional. Tres frases que no responden nada y que abren, en cambio, un buen puñado de preguntas que llevan días sin respuesta.
Lo que el Ayuntamiento no dice
Empecemos por lo más básico. Si es un viaje privado, ¿quién pagó los vuelos? ¿Quién pagó el hotel? ¿Quién consiguió el acceso en primera fila a una gala de estas características?
El Ayuntamiento ha confirmado que no fue dinero público. Bien. Pero esa afirmación tiene trampa, porque deja abiertas dos opciones igual de relevantes: o lo pagaron ellas de su bolsillo, o alguien se lo pagó.
Si lo pagaron de su propio bolsillo, que aporten el justificante. Es lo mínimo que se puede pedir. Si alguien se lo pagó, entonces la pregunta obvia es quién y a cambio de qué. Porque en política, cuando alguien te paga un viaje a la Riviera Maya para sentarte en primera fila de un evento internacional, eso no suele ser un gesto desinteresado. Eso tiene un nombre, y ese nombre generalmente viene acompañado de obligaciones.
El Ayuntamiento no ha aclarado si existe algún tipo de relación de patrocinio entre la institución y los organizadores de los premios. Tampoco ha explicado qué agenda tuvieron durante esa semana. Ni con quién se reunieron. Ni qué retorno concreto obtuvo Alcobendas de ese desplazamiento. Silencio administrativo. Que en este contexto, ya lo sabemos, dice más que cualquier comunicado.
Y luego está la pregunta que nadie en el Ayuntamiento parece querer responder: ¿quién gobernaba Alcobendas mientras tanto? Las dos máximas autoridades del municipio se fueron a la vez, durante casi una semana, sin comunicarlo. Sin decírselo al Pleno. Sin avisarlo a los grupos de la oposición. Sin publicar nada en ningún canal oficial. Los vecinos que esa semana intentaron resolver un trámite, presentar una queja o simplemente saber quién estaba al frente de la ciudad, no lo sabían. Porque nadie se lo dijo.
Aparece la Fundación
Aquí es donde el asunto se complica un poco más. Y donde empiezan a aparecer preguntas que el Ayuntamiento va a tener que responder tarde o temprano, quiera o no quiera.
La Fundación Ciudad de Alcobendas es una entidad privada sin ánimo de lucro creada en 2005 a iniciativa del propio Ayuntamiento, cuyo fin declarado es promocionar la ciudad en todos sus ámbitos. Lo que, en la práctica, ha significado históricamente una estructura financiada con dinero público que sirve para hacer cosas que el Ayuntamiento no puede hacer directamente o que prefiere no justificar con tanto detalle.
La Fundación recibe alrededor de 660.000 euros anuales del presupuesto municipal. Dinero de los vecinos. Y entre sus gastos habituales, ya documentados, aparecen viajes, hoteles y representación. Nada de esto es un secreto. Está en sus planes de actuación, está en los presupuestos municipales y, lo que resulta aún más revelador, fue el argumento que el propio PP utilizó para atacarla cuando no gobernaba.
Porque esto es lo que no puede perderse de vista: fue el Partido Popular, siendo oposición bajo el gobierno del PSOE y Ciudadanos, quien calificó a la Fundación de chiringuito ideológico, quien denunció que su dinero se iba en viajes, hoteles, catering y contratos adjudicados a excargos políticos, y quien prometió eliminarla si llegaba al gobierno. Fueron palabras textuales, registradas en sede plenaria y en medios locales.
El PP llegó al gobierno en 2023. Y la Fundación sigue ahí. Completa. Con sus 660.000 euros. Con sus directivos. Con sus gastos de viaje y representación. Ni una línea presupuestaria recortada. Ni un cargo suprimido. Lo que en campaña fue un chiringuito que había que eliminar, en el gobierno se convirtió en una estructura que, al parecer, resulta bastante útil. Y aquí está la razón: el 86% de su presupuesto de dinero público va a pagar nóminas de personas nombradas a dedo. No a actividades culturales ni a proyectos para la ciudad. A nóminas.
¿A quiénes? En septiembre de 2023, apenas tomada posesión del cargo, Rocío García Alcántara utilizó su voto de calidad como presidenta de la Fundación para aprobar tres contrataciones que la mayoría de la oposición había rechazado. Una de las elegidas fue Mónica Álvarez del Manzano, hija del histórico alcalde de Madrid José María Álvarez del Manzano, procedente de un cargo de confianza en Majadahonda. Gestora de proyectos, 44.000 euros brutos anuales, sin concurso ni proceso de selección. La otra fue, si cabe, más llamativa: quien había sido número dos de Podemos en Alcobendas durante el mandato anterior. La razón oficial no existe porque no hubo ningún proceso. La razón real, según fuentes recogidas en medios locales, es que es amiga de la alcaldesa. En Alcobendas, eso vale 44.000 euros al año.
¿Financio la Fundación alguno de estos viajes a México? No lo sabemos. El Ayuntamiento no lo ha aclarado. Pero la pregunta es tan pertinente como inevitable: si el viaje de la primera teniente de alcalde no lo pagaron los presupuestos municipales directamente, ¿es posible que lo hiciera la Fundación? ¿Y si fue así, con qué justificación? ¿Con qué retorno para la ciudad? ¿Bajo qué criterio de los que figuran en su plan de actuación?
Son preguntas que no acusan a nadie. Son preguntas que cualquier vecino tiene todo el derecho del mundo a plantear. Y que deberían tener respuesta antes de que llegue el próximo pleno.
El teatro de la indignación
Y entonces aparece el PSOE. Con su portavoz al frente, exigiendo explicaciones, pidiendo dimisiones, poniendo el grito en el cielo.
Respecto al PP, tienen razón en todo. En que el viaje no está explicado. En que la agenda estuvo vacía. En que alguien tiene que dar cuenta de quién pagó y por qué. En que Alcobendas no puede funcionar a oscuras cuando sus dos máximas autoridades se van juntas al Caribe. Todo eso es cierto y legítimo.
Pero hay un problema. El mismo PSOE que hoy exige transparencia es el que gobernó Alcobendas durante cuatro años con la misma Fundación que el PP denunciaba. Fue bajo su gobierno cuando la Fundación gastó en viajes, hoteles y catering. Fue bajo su gobierno cuando se adjudicaron contratos menores a excargos y personas de confianza. Fue bajo su gobierno cuando la Fundación se convirtió en esa estructura opaca que el PP usó como arma electoral.
No lo decimos para equiparar lo que no es equiparable, ni para darle cobertura al PP. Lo decimos porque la indignación selectiva no es indignación: es posicionamiento. Y los vecinos de Alcobendas llevamos demasiado tiempo siendo el público de un teatro en el que los actores se turnan los papeles de buenos y malos sin que cambie nunca el guion.
Cuando el PP estaba en la oposición, la Fundación era un chiringuito. Cuando el PSOE está en la oposición, la Fundación vuelve a ser una amenaza. Y cuando cualquiera de los dos gobierna, la Fundación es una herramienta que resulta conveniente tener a mano. El problema no es quién la usa. El problema es que existe y que nadie, cuando tiene el poder de eliminarla, lo hace.
Las preguntas que siguen sin respuesta
Dejemos a un lado el teatro y volvamos a los hechos. Porque los hechos son sencillos, concretos y no admiten demasiados matices.
La alcaldesa de Alcobendas y su primera teniente de alcalde estuvieron fuera del municipio durante casi una semana, en un evento internacional, sin comunicarlo públicamente. El Ayuntamiento dice que fue un viaje privado. Pero no explica quién lo financió. No aclara si la Fundación Ciudad de Alcobendas tuvo algún papel. No detalla con quién se reunieron ni qué agenda tuvieron. No explica bajo qué criterio dos cargos públicos de esta relevancia acuden en primera fila a una gala de estas características en nombre de nadie, pero visibles para todos. Y no responde, sobre todo, a la pregunta más elemental: ¿quién estaba gobernando Alcobendas mientras tanto?
Si el viaje lo pagó alguien del sector privado, ya sea vinculado al mundo del cine, al deporte profesional o a cualquier otro ámbito empresarial con intereses en la ciudad, los vecinos tienen derecho a saberlo. No para juzgar, sino para entender. Porque en una ciudad de 220 millones de presupuesto, la relación entre el gobierno municipal y quienes financian actividades de sus cargos no es un asunto menor. Es una cuestión de independencia institucional.
La transparencia no es una opción para un Ayuntamiento. Es una obligación. Y el silencio no es una respuesta. Es una decisión.
Mientras esa decisión se mantenga, las preguntas seguirán aquí. Y los vecinos de Alcobendas, que pagamos los impuestos que financian esta ciudad y a quienes la gobiernan, seguiremos esperando que alguien tenga la honestidad de respondernos sin rodeos.
Porque lo que está en juego no es un viaje. Es algo bastante más simple y bastante más grave: saber si en Alcobendas se gobierna para los vecinos o para quien pague el siguiente vuelo.
Manuel Martínez