Alcobendas, el verano en el que casi nadie estaba mirando

Un verano especialmente interesante para comprobar cómo se gestiona Alcobendas

27/08/2026

Hay una cosa que tiene agosto que resulta extraordinariamente conveniente para la política: la ciudad sigue funcionando, pero casi nadie está mirando. Los vecinos se marchan de vacaciones, los plenos se espacian, los medios reducen su actividad y las redes sociales se llenan de playas, terrazas y fotografías de atardeceres.

Y mientras tanto, la ciudad no se va de vacaciones.

Los servicios siguen funcionando, o deberían, los contratos continúan, los impuestos se siguen cobrando y las decisiones del Ayuntamiento siguen afectando a los vecinos exactamente igual que en enero.

Por eso quizá este verano haya sido especialmente interesante para comprobar cómo se gestiona Alcobendas cuando la atención pública está bajo mínimos. Porque han pasado muchas cosas. Más de las que probablemente se han contado y, sobre todo, más de las que deberían haber pasado inadvertidas.

Piscinas municipales cerradas precisamente cuando llegaba el calor. Problemas de limpieza que vuelven a aparecer. Vecinos denunciando ratas junto a los contenedores. Una nueva identidad corporativa municipal que ha abierto un debate sobre prioridades y gasto público. Y una Policía Local que incorpora nuevos agentes, pero que continúa teniendo sobre la mesa el problema de la cobertura y de la retención de efectivos.

Y todo ello mientras seguimos escuchando el relato de una Alcobendas moderna, dinámica, referente, deportiva y sostenible. Quizá el problema no sea que ese relato sea completamente falso. Quizá el problema sea que la realidad cotidiana de los vecinos no siempre se parece demasiado al relato.

Este verano hemos visto cerrar instalaciones deportivas municipales en plena temporada de calor. Nadie discute que el mantenimiento sea necesario ni que la prevención frente a la legionela sea una cuestión seria. Lo que sí podemos preguntar es por qué determinadas actuaciones terminan afectando precisamente al momento en el que más vecinos utilizan esas instalaciones. El verano no llega por sorpresa. El calor tampoco. Y las necesidades de mantenimiento de unas instalaciones municipales deberían poder planificarse. Gobernar consiste también en eso: anticiparse. Porque si una piscina pública tiene que cerrar en agosto, puede existir una explicación técnica perfectamente razonable. Lo que resulta más difícil de explicar es por qué esa situación no se ha previsto de manera que perjudique lo menos posible al ciudadano. Y mientras unos vecinos buscaban alternativas para combatir el calor, otros se encontraban con un problema bastante menos refrescante: la limpieza.

Contenedores desbordados, malos olores, papeleras llenas, suciedad alrededor de algunos puntos de recogida y, este verano, vecinos denunciando la presencia de ratas. No hace falta exagerar. No necesitamos hablar de una invasión de roedores. Pero tampoco necesitamos minimizarlo. Si un vecino encuentra una rata junto a un contenedor, el problema existe. Puede ser puntual, estacional o tener una explicación técnica. Pero la obligación de la Administración no es encontrar una explicación que permita cerrar la conversación. Es resolverlo. Y aquí aparece una pregunta muy sencilla: si Alcobendas destina millones de euros a la limpieza, ¿qué servicio estamos recibiendo realmente a cambio? Porque es perfectamente posible tener un contrato adjudicado, facturas pagadas e informes correctos y, al mismo tiempo, vecinos que consideran que su calle está sucia.

Cuando ocurre eso, quizá haya llegado el momento de dejar de hablar del contrato y empezar a hablar de resultados. Y entonces llegamos al gran asunto político del verano: el escudo.

No vamos a entrar en si el nuevo diseño es bonito o feo. Para gustos, los colores. Tampoco discutimos que una institución pueda actualizar su imagen corporativa. La cuestión es otra: ¿era esto lo que más necesitaba Alcobendas? Porque cada euro que se dedica a una cosa deja de dedicarse a otra. Y cuando existen problemas de limpieza, mantenimiento, seguridad, vivienda o servicios públicos, es legítimo que los vecinos se pregunten por las prioridades. El problema nunca es solamente cuánto cuesta algo. El problema es qué dejamos de hacer cuando decidimos gastar ese dinero en otra cosa.

Y llegamos a la seguridad, probablemente el asunto que más debería preocuparnos. La incorporación de nuevos policías es una buena noticia. Y hay que reconocerla. Pero una buena noticia no debería convertirse automáticamente en el final de la conversación. La seguridad no consiste en anunciar una promoción de agentes. Consiste en tener policías suficientes, bien distribuidos, con capacidad operativa y, sobre todo, capaces de permanecer en Alcobendas. Si después de incorporar nuevos agentes seguimos teniendo una plantilla por debajo de las necesidades identificadas por el propio Ayuntamiento, el problema no está resuelto. Está parcialmente atendido. Y eso es muy diferente. Pero quizá haya algo todavía más preocupante que todos estos problemas concretos: la forma en que funciona nuestra política municipal.

El Partido Popular y Futuro Alcobendas-Ciudadanos suman 14 de los 27 concejales. Tienen mayoría absoluta. Eso significa que pueden gobernar sin necesitar los votos de la oposición. Es una realidad matemática. Pero también es una realidad política que demasiadas veces sabemos de antemano qué va a votar cada partido. No porque todos sus concejales estén necesariamente de acuerdo en todo. Sino porque primero está la posición de las siglas. Y después, demasiado a menudo, el interés de la ciudad. Un Gobierno tiene que defender al Gobierno. La oposición tiene que atacar al Gobierno. Y el vecino queda en medio. Mientras tanto, el ciudadano que encuentra un contenedor desbordado no necesita saber quién ganó la discusión en el Pleno. Quiere que lo vacíen. El que quería utilizar la piscina en agosto no necesita una guerra de comunicados. Quiere que la piscina esté abierta cuando corresponde. Y el que vuelve a casa de noche no necesita saber qué partido publicó la nota de prensa más contundente. Quiere sentirse seguro.

Ese debería ser el baremo de la política municipal: resultados, no relatos.

Este verano no hemos tenido una gran crisis. Hemos tenido algo mucho más significativo: una sucesión de pequeñas cosas que dicen mucho de cómo funciona una Administración.

Piscinas. Limpieza. Ratas. Seguridad. Dinero público. Prioridades. Y una política demasiado pendiente del relato. Todo ello ha ocurrido mientras estábamos de vacaciones. Y quizá esa sea la verdadera noticia. No que Alcobendas haya tenido un mal verano, sino que hemos llegado a aceptar como normal que durante el verano pasen cosas que en septiembre ocuparían titulares durante semanas.

Por eso nuestro trabajo como asociación es tan sencillo como necesario: mirar cuando otros no miran. Comparar lo que se anuncia con lo que realmente ocurre. Preguntar. Exigir. Y recordar que detrás de cada presupuesto, cada contrato y cada decisión hay algo que pertenece a todos: nuestro dinero y nuestra ciudad.

Septiembre llegará. Volverán los plenos, las notas de prensa, las declaraciones y los enfrentamientos entre partidos. Y probablemente volveremos a escuchar que Alcobendas es una ciudad modelo. Ojalá. Pero una ciudad modelo no se demuestra con un eslogan, un escudo o una campaña. Se demuestra cuando el vecino encuentra una ciudad limpia, puede utilizar los servicios municipales que paga, se siente seguro y comprueba que su dinero se utiliza para aquello que realmente importa.

Y, sobre todo, cuando sus representantes políticos recuerdan que el acta de concejal representa a los ciudadanos que viven en Alcobendas. No al aparato de su partido. Porque quizá esa sea la pregunta que deberíamos hacernos todos: Cuando un concejal tiene que elegir entre lo que conviene a su partido y lo que conviene a Alcobendas, ¿qué debería elegir? Nosotros lo tenemos claro. Alcobendas. Siempre Alcobendas.

Porque Alcobendas no se fue de vacaciones. Nosotros tampoco.

Manuel Martínez

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