La gran mentira del asfalto en Alcobendas
El Ayuntamiento presume de la mayor operación asfalto de la historia, pero los vecinos solo han visto una primera fase y mucho silencio. Sin calendarios, sin explicaciones y con calles cada vez más deterioradas, la propaganda vuelve a imponerse a la gestión real
08/02/2026
Desde que el Ayuntamiento anunció a bombo y platillo el inicio de la llamada operación asfalto, durante el último trimestre de 20224 y primero de 2025, y se iniciara allá por marzo de 2025, ha pasado casi un año sin que se haya vuelto a informar absolutamente de nada. El asunto ha desaparecido por completo de las redes sociales municipales y de la comunicación oficial, como si nunca hubiera existido. Entonces se habló de un plan ambicioso, plurianual e histórico, difundido con entusiasmo político en notas de prensa, publicaciones y actos cuidadosamente escenificados. Los ciudadanos, en cambio, teníamos esperanza: la legítima expectativa de que, por fin, se abordara en serio el deterioro de nuestras calles. Hoy esa esperanza se ha transformado, una vez más, en decepción. Al bajar al terreno, al escuchar a los vecinos y recorrer la ciudad, la realidad es tan clara como incómoda para el equipo de gobierno: solo se ha ejecutado una primera fase y, desde entonces, el silencio ha sido la única respuesta.
No hay información pública actualizada. No existe un calendario claro. No se ha explicado qué calles se van a asfaltar, cuándo ni en qué orden. No se han dado explicaciones sobre los retrasos ni se ha rendido cuentas ante los vecinos. El Ayuntamiento ha optado por el silencio, y ese silencio no es inocente. Cuando una administración que maneja un presupuesto cercano a los 220 millones de euros deja de informar sobre una de sus actuaciones estrella, no estamos ante un despiste: estamos ante una decisión política consciente.
El vecino no percibe un plan a tres años. No percibe una hoja de ruta ni una mejora progresiva de la ciudad. Lo que percibe es abandono. Calles con el firme agotado, parches mal ejecutados, baches que se eternizan, zonas enteras donde el asfalto da una imagen impropia de una ciudad que presume de excelencia y calidad de vida. Esa es la experiencia diaria, muy alejada del relato oficial.
Llegados a este punto, la pregunta no solo es legítima, es inevitable. ¿Estamos ante una incapacidad real de gestión? ¿O ante un cálculo electoral perfectamente medido para concentrar obras, anuncios y fotografías en los meses previos a las elecciones municipales de mayo de 2027? Porque si el plan existe, si los recursos están presupuestados y si la necesidad es evidente, resulta incomprensible que no se ejecute. Y si no se ejecuta, resulta aún más grave que se siga vendiendo como un éxito.
La trayectoria reciente de este equipo de gobierno invita a la sospecha. Alcobendas se ha convertido en un escaparate permanente de marketing político, donde lo importante no es resolver los problemas estructurales de la ciudad, sino construir un relato amable a base de grandes titulares, campañas llamativas y fotografías oportunas. El asfalto no es un caso aislado, es un síntoma más de una forma de gobernar basada en la apariencia y no en los resultados.
Mientras tanto, los problemas reales se acumulan. La limpieza sigue siendo claramente insuficiente. El mantenimiento urbano brilla por su ausencia. La movilidad es cada vez más caótica. Los barrios envejecen sin inversiones sostenidas. Y frente a todo ello, la respuesta municipal es siempre la misma: más anuncios, más eslóganes y más autocomplacencia.
Presumir de la “mayor operación asfalto de la historia” cuando en la práctica solo se ha ejecutado una fase no es gobernar, es engañar. Callar ante los retrasos no es prudencia, es falta de transparencia. Y jugar con los tiempos de la ciudad para cuadrarlos con el calendario electoral es una falta de respeto a los vecinos, que no son figurantes en una campaña permanente, sino ciudadanos que pagan impuestos y exigen servicios básicos en condiciones.
Alcobendas no necesita más propaganda. No necesita más fotos ni más titulares grandilocuentes. Necesita gestión real, planificación seria y explicaciones claras. Necesita que se cumpla lo prometido y que se diga la verdad, aunque sea incómoda. Porque los vecinos no piden milagros, piden algo mucho más básico y democrático: calles en condiciones, información transparente y compromisos cumplidos.
Todo lo demás es ruido. Y mientras el ruido continúa, la ciudad se deteriora.
Jesús Ulloa
Presidente de Alcobendas Sin Más